Hace unos días me terminé de leer el libro de Amos. Amós no era sacerdote, ni profeta. Era un simple pastor y cultivador de sicómoros, proveniente de Tecoa, en Judá. Sin embargo, Dios lo llamó para llevar un mensaje al reino del norte de Israel: Dios no acepta una religión que ignora la justicia. Israel ofrecía sacrificios, celebraba fiestas religiosas y cantaba himnos, pero al mismo tiempo oprimía al necesitado y vivía de espaldas a la voluntad de Dios. Por eso el Señor les dijo: “Aparta de mí el ruido de tus cánticos… Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.” (Amós 5:23-24)
A lo largo del libro aparecen cinco grandes visiones: langostas, fuego, una plomada, un canasto de fruta madura y el Señor junto al altar. Todas muestran que el juicio de Dios es justo, inevitable y responde al pecado persistente de un pueblo que rechazó una y otra vez el arrepentimiento.
Este libro me enseñó que Dios se preocupa tanto por nuestra adoración como por nuestra manera de tratar a los demás. También que la prosperidad nunca es una señal automática de la aprobación de Dios; y que la injusticia, la corrupción y la hipocresía religiosa son pecados horribles que el Señor aborrece. El verdadero arrepentimiento transforma el corazón y también nuestras acciones. Aun después del juicio, Dios ofrece esperanza y restauración a quienes se vuelven a Él.
Amós nos recuerda que Dios no busca únicamente iglesias llenas, canciones hermosas o ceremonias impecables. Él busca un pueblo que lo ame de verdad, que practique la justicia, que defienda al débil y que viva una fe coherente todos los días. Ojalá este pequeño #HiloSiloetano le haga meditar a alguien. #ProhibidoOlvidar el libro de Amos.
Bendiciones para todos 🙏