Dios está cerrando una puerta que te hacía daño para poder guiarte a un lugar que te restaure.
Ahora mismo, puede que no lo sientas así.
Solo sientes la pérdida.
El silencio.
El vacío donde antes había algo.
Tu mente no deja de revivir lo que fue, preguntándose por qué terminó así… y por qué Dios no intervino antes.
Pero lo que aún no ves es esto:
Esa puerta que te duele nunca estuvo destinada a contener tu futuro.
Te desgastó.
Perturbó tu paz.
Te exigió soportar cosas que nunca debiste llevar a largo plazo.
Dios lo vio todo.
Las lágrimas que secaste.
Las oraciones silenciosas que susurraste.
Los momentos en que te quedaste más tiempo del debido con la esperanza de que cambiara.
Cerrar esa puerta no fue un rechazo.
Fue misericordia.
Porque la sanación no puede crecer completamente en el mismo lugar que causó la herida.
Dios sabía que podrías haberte quedado: por amor, por costumbre, por miedo a lo que vendría después.
Así que intervino e hizo lo que tu corazón se resistía a hacer.
Y ahora… te está guiando hacia un lugar nuevo.
Lo que Él te está abriendo no se sentirá pesado como antes.
No requerirá que te pierdas a ti mismo para conservarlo.
No te dejará constantemente agotado o inseguro.
Traerá paz.
Traerá descanso.
Le dará a tu corazón espacio para respirar de nuevo.
Y la sanación no llegará de golpe, pero llegará.
Lentamente.
Con delicadeza.
Con fe.
No estás siendo castigado.
Estás siendo protegido.
Este final no es la pérdida que crees que es; es Dios abriendo espacio para algo que no te dolerá de la misma manera.
Así que sigue caminando.
Aunque te resulte desconocido.
Aunque te parezca silencioso.
Aunque aún no lo entiendas del todo.
Dios no te está alejando de algo bueno.
Te está guiando fuera de lo que te hacía daño y hacia lo que te restaurará.
El camino a seguir ya está abierto.
Y con Él, sanarás.
Bendiciones para todos.🙏
No hay comentarios.:
Publicar un comentario